Una gran cantidad de estudios indican que la mayoría de las víctimas infantiles de abusos sexuales sufren daños como consecuencia de los mismos:

tienen dificultades para sentirse personas y para crecer con autonomía. Los excesos de estimulación debidos a manipulaciones brutales y a emociones perturbadoras o frustrantes los dejan  en un estado sensorial confuso y evanescente: entienden que son prisioneros de la voluntad ajena, se sienten amenazados pero no pueden responder o sustraerse a ella. Todas las referencias sensoriales, afectivas y representativas se confunden cuando un niño es víctima de un abuso sensorial o afectivo que no puede integrar.  Cuando un adulto abusa de la propia fuerza y del propio poder, el niño no puede oponerse en un plano de igualdad: no posee el lenguaje, aún no es autónomo, su vida depende de los mayores.  Sirviéndose del niño como objeto sexual, asustándolo y sobreexcitándolo cuando aún no es libre de elegir o sustraerse, cuando aún no está en condiciones de simbolizar las experiencias a nivel cognitivo, de expresarlas en palabras y de valorarlas por lo que son, el que abusa de él, con sus intervenciones irrespetuosas en relación con los ritmos de crecimiento y las exigencias del pequeño, puede interrumpir su proceso de humanización, «petrificarlo», con consecuencias cuyos efectos pueden hacerse sentir a muchos años de distancia.
Con todo, la coexistencia de una historia de abuso sexual infantil y los trastornos adultos no prueban que el abuso «causara» el trastorno. En muchas familias en donde se han producido abusos sexuales, hay otros problemas familiares (alcoholismo de los padres, abusos emocionales, discordias maritales) que igualmente son dañinos para los niños. Los factores genéticos también pueden entrar en la ecuación, quizá por afectar al grado de vulnerabilidad y resistencia del individuo.
El impacto de la agresión sexual está condicionado por, al menos, cuatro variables que se hallan interrelacionadas:

1.el perfil individual de la víctima (respecto del cual es más importante que su edad o el sexo, el contexto familiar donde vive);
2.las características de la agresión (cuya gravedad es proporcional a la frecuencia, duración y violencia con que se ha producido);
3.la relación entre víctima y abusador: las pruebas muestran que los efectos psicológicos más graves se producen cuando el abusador es una persona conocida en la que el menor confía;
4.y las consecuencias provocadas por el descubrimiento del abuso (sobre todo en lo que se refiere a si el abusado es creído o no; una respuesta inadecuada del entorno de la víctima puede complicar el proceso de recuperación).
Por otra parte, se ha estudiado también el dilema al que se enfrentan los niños que han sufrido un abuso cuando han intentado comunicar su experiencia, y que explicaría los enormes problemas que tienen los menores para contar con coherencia y de inmediato la agresión sufrida. R. C. Summit definió, en este sentido, el SAASN (Child Sexual Abuse Accomodation Syndrome: síndrome de acomodación del niño al abuso sexual) de acuerdo con cinco etapas:

1.secreto
2.indefensión
3.acomodación y trampa
4.revelación diferida, contradictoria y poco convincente y
5.retractación.
Por lo demás, algunos agresores fomentan el silencio de la víctima sugiriéndole a esta que lo que ha ocurrido es un secreto compartido o amenazándola directamente.

Consecuencias del incesto

En cuanto a las consecuencias de los abusos sexuales intrafamiliares, la casuística muestra que casi el 30% de las mujeres que recurren a un tratamiento psiquiátrico refieren una historia de incesto. Prácticamente todos los síndromes psiquiátricos conocidos han sido señalados como posibles consecuencias de una experiencia de incesto: frigidez, promiscuidad sexual, fantasías o relaciones homosexuales, delincuencia, depresión con tendencias suicidas, fobia, psicosis después del parto, anorexia nerviosa, crisis histéricas y ataques de ansiedad. Análogamente se ha comprobado que muchas mujeres que han sido violadas en más de una ocasión han sido víctimas de incesto. También los estudios realizados con prostitutas han demostrado que cerca del 50% de ellas tenían a sus espaldas un historial de abusos sexuales entre los muros domésticos. Entre los drogadictos graves  a menudo hay mujeres víctimas de una experiencia anterior de incesto. También se ha observado que un porcentaje considerable de los hombres que se encuentran en la cárcel por delitos sexuales había estado sexualmente implicado con algún miembro de su familia.
Según Jean Goodwin, se pueden describir las consecuencias de este tipo de abusos atendiendo a los distintos estadios del desarrollo: infancia, edad preescolar, edad de latencia, adolescencia y edad adulta.


En la infancia, además de algunos síntomas fisiológicos, se produce un miedo inesperado a los hombres o un apego a la madre también excesivo.

La edad preescolar (4-6 años) es la etapa en la que se producen las situaciones más complejas, debido a que el menor siente auténtico terror ante la posibilidad de perder el afecto y la protección de su familia, por lo que tiene fuertes sentimientos de culpa ante los hechos acaecidos.

La edad de latencia (6-12 años) presenta el mayor porcentaje de menores que confiesan haber sufrido abusos familiares. Aun siendo ya conscientes de lo que les ha pasado, suelen usar la fantasía como defensa y suelen expresarse metafóricamente al respecto. Entre las consecuencias más evidentes están el rechazo a la escuela y la idealización de la familia.

Los adolescentes sometidos a abusos sexuales suelen recurrir con frecuencia a las fugas de casa (no tanto como huida, sino como declaración simbólica de su culpabilidad), la promiscuidad sexual, los intentos de suicidio (habitualmente, entre los 14 y 16 años y motivados por el sentimiento de culpa por haber traicionado a la madre, el sentimiento de fracaso por haber sido causa de disolución familiar, las dificultades para entablar relaciones sexuales normales tras los abusos...), las crisis histéricas, etc.


Efectos a corto plazo

Entre el 70 y el 80% de las víctimas quedan emocionalmente alteradas después de la agresión (efectos a corto plazo). Las niñas suelen presentar reacciones ansioso-depresivas (muy graves en los casos de las adolescentes) y los niños problemas de fracaso escolar y de socialización, siendo más proclives a presentar alteraciones de la conducta en forma de agresiones sexuales y conductas de tipo violento.

Desde un punto de vista más teórico, el «modelo del trastorno de estrés postraumático» considera que los efectos son los propios de cualquier «trauma»: pensamientos intrusivos, rechazo de estímulos relacionados con la agresión, alteraciones del sueño, irritabilidad, dificultades de concentración, miedo, ansiedad, depresión, sentimientos de culpabilidad, etc. (efectos que pueden materializarse físicamente en síntomas como dolor de estómago, de cabeza, pesadillas...).

Por su parte, otro modelo teórico, el «traumatogénico», centra su atención en cuatro variables como causas principales del trauma:

sexualización traumática: el abuso sexual es una interferencia en el desarrollo sexual normal del niño, por cuanto aprende una vivencia de la sexualidad deformada (especialmente, cuando la agresión se ha producido en el hogar);
pérdida de confianza: no solo con el agresor sino con el resto de personas cercanas que no fueron capaces de impedir los abusos;
indefensión: el haber sufrido los abusos lleva a la víctima a considerarse incapaz de defenderse ante los avatares de la vida en general, provocando en él actitudes pasivas y de retraimiento;
estigmatización: sentimientos de culpa, vergüenza, etc. que minan su autoestima.

Efectos a largo plazo

 

A largo plazo, aunque los efectos son comparativamente menos frecuentes que a corto plazo, el trauma no solo no se resuelve sino que suele transitar de una sintomatología a otra. Con todo, no es posible señalar un síndrome característico de la adultos que fueron objeto de abusos sexuales en la infancia o adolescencia. Existen numerosos condicionantes de la pervivencia de efectos a largo plazo, como puede ser, entre otros, la existencia en el momento de los abusos de otro tipo de problemas en la vida del niño (maltratos, divorcio de los padres, etc.) e, incluso, en muchos casos los efectos aparecen provocados por circunstancias negativas en la vida adulta (problemas de pareja, en el trabajo, etc.).

Los fenómenos más regulares son las alteraciones en el ámbito sexual, como inhibición erótica, disfunciones sexuales y menor capacidad de disfrute, depresión, falta de control sobre la ira, hipervigilancia en el caso de tener hijos o adopción de conductas de abuso o de consentimiento del mismo, y síntomas característicos de cualquier trastorno de estrés postraumático.


De forma más pormenorizada, pueden señalarse como efectos a largo plazo los siguientes: el abusado puede experimentar síntomas como retrospecciones (recuerdos traumáticos que se imponen vívidamente en contra de la voluntad), inestabilidad emocional, trastornos del sueño, hiperactividad y alerta constante. Por otra parte, también se pueden producir aislamiento, insensibilidad afectiva (petrificación afectiva), trastornos de memoria y de la concentración, fobias, depresión y conductas autodestructivas.

Debido a que el inicio en la vida sexual del menor fue traumático, experimenta sensaciones y conductas distorsionadas en el desarrollo de su sexualidad, como agresividad sexual, conductas inadecuadas de seducción hacia otros, masturbación compulsiva, juegos sexuales, promiscuidad sexual, trastornos de la identidad sexual, prostitución, e incluso llegan a reexperimentar la situación abusiva siendo, posteriormente la pareja de un abusador.

Hay pruebas también de que las personas pueden olvidar y olvidan de hecho las agresiones sexuales (así como otros acontecimientos traumáticos de su vida). Quienes han sufrido traumas pueden tener recuerdos invasivos de los sonidos de un acontecimiento y simultáneamente ser incapaces de recordar las imágenes (o viceversa), o pueden recordar los sentimientos experimentados durante el abuso, pero no los acontecimientos exactos que los provocaron.


La experiencia clínica tradicional ha demostrado que son tres las causas fundamentales para reprimir los recuerdos: evitar el dolor, evitar quedar abrumado y evitar deseos inaceptables. Recientemente, se ha añadido el «evitar información que amenaza un vínculo necesario» como una causa más y, quizá, la más relevante, en la misma línea que algún especialista ya había señalado de que un motivo para la inconsciencia de los recuerdos es la «preservación del amor de los otros» (M. J. Horowitz).

La amnesia como consecuencia del abuso

Un informe de 1994 de la American Psychological Association (Asociación Psicológica Estadounidense) estableció cuatro ideas básicas en relación al asunto de los recuerdos diferidos de abusos en los niños:

la mayoría de las personas que sufrieron abusos sexuales en la infancia recuerdan todo o parte de lo ocurrido; una agresión sexual que se llegase a olvidar durante mucho tiempo puede recordarse (se desconoce el cómo); son posibles los pseudo recuerdos de hechos no ocurrido (se desconoce el cómo); existe un conocimiento insuficiente de los procesos que llevan a un recuerdo exacto o inexacto del abuso sexual en la infancia.
Con todo, el fenómeno del olvido de las agresiones sexuales está muy extendido y bien documentado, aunque no se comprenden con exactitud sus causas y mecanismos. Por otro lado, también existen recuerdos fabricados (sobre todo, en presencia de un individuo persuasivo en posición de autoridad: terapeuta, progenitor, etc.); muchas víctimas expresan, de hecho, grandes dudas acerca de la realidad de sus propios recuerdos de la agresión, independientemente de la frecuencia de sus recuerdos
.

En este sentido, se cree que las dudas acerca de los hechos están directamente vinculadas a la naturaleza del abuso, esto es, el hecho de que en la infancia las personas tiendan a subordinar nuestras percepciones de la realidad a las de un tercero, implica para el caso de las agresiones sexuales que luego haya una serie de consecuencias distorsionadoras en la capacidad de conocimiento de la realidad para el adulto que las ha sufrido.

En 1996, Jennifer J. Freyd expuso su teoría de que la represión de la memoria no aparece porque reduzca el sufrimiento, sino porque, a menudo, el hecho de desconocer el abuso cometido por un cuidador es necesario para la supervivencia.
Esta teoría, que denomina «del trauma de la traición», propone que los traumas que más posibilidades tienen de ser olvidados son aquellos en los que la traición es un componente fundamental. Así, considera que la traición de un cuidador de confianza es clave para prever un caso de amnesia con respecto al abuso sexual cometido por este, en tanto que el apego del niño a ese cuidador convierte a la amnesia en adaptativa:

cuando el traidor es alguien de quien dependemos, los mismos mecanismos que por regla general nos protegen -la sensibilidad a los engaños y el dolor que nos motiva para cambiar las cosas de manera que dejemos de estar en peligro- se convierten en un problema. Debemos bloquear la conciencia de la traición, olvidarla, con el fin de asegurar que nos comportemos de manera que se mantenga la relación de la que dependemos.

Consecuencias del Abuso Infantil


El ABUSO FÍSICO ó SEXUAL de los niños, constituyen áreas difíciles y problemática, ya que cuenta entre sus componentes con el sentimiento de culpa, la vergüenza y el secreto, lo que pone en evidencia aspectos de la sociedad contemporánea, como los valores y las actitudes hacia la niñez, el Poder, la Sexualidad, lo que hace difícil el acceso a la realidad de los hechos.

Hasta hace muy poco tiempo, la denuncia de los niños era tomada como un producto de la imaginación infantil, y por sobre todo el INCESTO era considerado como la incapacidad de los niños para distinguir la realidad con sus propios deseos sexuales.

En la actualidad con los cambios producidos por nueva Leyes que se han dictado y por la mayor publicidad dada a este tipo de hechos, se logró una mayor sensibilidad social y aceptación de que los episodios más comunes del abuso sexual se dan al interior de la familia, pero con una lenta respuesta de la Justicia ante un problema de esta característica.


Esta conquista social y profesional en materia de Abuso Físico ó Sexual, ha producido un mayor número de denuncias, aunque las cifras corresponden a un pequeña parte de los ocurridos realmente. Por el hecho de que las denuncias, se ven dificultadas por las amenazas de castigo, al sentimiento de culpa del niño ó el miedo a no ser creídos hacen que el abuso sigua manteniéndose en un hermetismo interno familiar difícil de revelar.





Consecuencias Traumáticas

Los comportamiento abusivos sean físicos o sexuales ocasionan consecuencias traumáticas como las siguientes:

Que las conductas de los adultos se encuentren fuera de la experiencia habitual de los niños,

Transforman a la familia en un contexto confuso, alterando, sus emociones, la auto imagen, la visión del mundo familiar y su propia capacidad afectiva,

Producen un cambio en los cuidados familiares, desde un ambiente protector, a uno abusivo y sexualizado.

Situaciones sentidas por los niños como amenazante y confusa, produciéndoles angustias, y estrés.

Como se manifiesta en los niños el abuso


Los abusos se manifiestan como:

C
on síntomas psicosomáticos, miedos, fobia, terrores nocturnos, enuresis, amenorreas, anorexia y conductas autodestructivas, psicodependencias, automutilación, e incluso el suicidio.

En el área psicológica, aparecen síntomas como fugas o bloqueos emocionales, trastorno de la identidad sexual, crisis de rabia, desinterés y pérdida de la curiosidad.

Los mecanismos de defensa utilizados para reducir o evitar el recuerdo y sufrimiento, asociado a los actos abusivos vivenciados, le llevan a reducir su contacto con el mundo exterior.

Este estado corresponde a la "amnesia psíquica y emocional", o a conductas evitativas como el salir, detención espontáneas en los juegos y pérdida de interés por actividades que antes eran gustosas para el niño.


En lo referente al conocimiento y conductual, se manifiesta con:

*Caída brusca en su rendimiento escolar,

*Trastornos de aprendizaje, de concentración y de atención.

*Extenso repertorio de conductas erotizadas como seducción inapropiada,

*Sexualización de las relaciones afectivas,

*Dificultad para buscar pareja o compañero sexual,

*Agresividad y delincuencia.

*Puede producirse retraimiento y conductas regresivas,

*Lenguaje inapropiado para la edad,

*Masturbación precoz y exacerbada,

*Promiscuidad y prostitución.

Es importante destacar la transgresión del abuso, hacen que los hechos queden en el espacio comunicacional de la familia, sin ser exteriorizado. La regla impuesta, es el silencio organizado entre los componentes del sistema familiar, lo que garantiza su supervivencia.

El secreto supone la convicción de que las vivencias en cuestión deben quedar entre las personas involucradas por lo que se hace implícito mantener el secreto. Este secreto, no es negociable e indisoluble, por lo cual el niño se siente obligado a no denunciar lo sucedido, siendo fiel y leal a las condiciones impuestas en el referido pacto.


http://www.fundacionamparo.org.ar/Consec_abusosex.htm


Abuso sexual infantil y sus consecuencias

Lic. Pilar Ponce de León
Docente del Departamento de Psicología
Unidad Académica Cochabamba

Es una responsabilidad ética de todas las personas la denuncia de casos de violencia sexual.

El abuso sexual es una forma de maltrato que afecta toda la vida presente y futura de quién lo sufre, especialmente de niños, niñas y adolescentes, ya que estos se encuentran en pleno proceso de desarrollo físico, psicológico-emocional y de interacción social.

El Centro Nacional de Abuso Sexual de Estados Unidos lo define “…contactos e interacciones entre un niño y un adulto, cuando el adulto usa al niño para estimularse sexualmente él mismo, al niño u otra persona. El abuso sexual puede también ser cometido por una persona menor de 18 años, cuando esta es significativamente mayor que el niño o cuando el agresor está en una posición de poder o control sobre el otro”.

En nuestra sociedad, podemos decir que no existe una sensibilización social ni institucional suficiente para provocar una respuesta unánime y contundente a favor de los derechos del niño(a) y adolescente víctima del abuso sexual.

La agresión sexual daña la parcela más privada del individuo, es cuestión referente a la sexualidad del individuo, sobre la que se mantiene el secreto, el miedo y las falsas creencias.

El abuso sexual se puede dar en la familia que es el entorno más cercano al niño, en el que desenvuelve su vida diaria y con el que está en contacto permanente, además de quien depende y donde estable relaciones afectivas, es por eso que cuando se da la agresión en su interior, el daño es más profundo y severo.

Existen algunos factores que harán que la vivencia del abuso provoque efectos en el desarrollo del niño, niña o adolescente:

Cuanto más frecuente y más prolongado en el tiempo es el abuso, más graves son sus consecuencias.

El uso o no de violencia física. Hay casos de abuso sexual en los que no se emplea la violencia pero sí manipulación, amenaza o engaño, como suele suceder en los casos en los que el agresor es conocido por la víctima para evitar que ésta revele el abuso, que tienen efectos mucho más profundos y dañinos en el desarrollo del niño de lo que puede tener una agresión sexual puntual, aunque haya violencia física.

La edad del agresor y de la víctima, en principio la diferencia de edad es un factor importante, porque acrecienta el abuso de poder, dificultando al niño la revelación y haciendo más probable su revictimización.

La identidad del abusador, las consecuencias de un abuso son siempre mucho más graves cuando existía una relación afectiva previa entre el agresor y la víctima y, como habíamos dicho, mucho más si es un miembro de la familia.

Características de personalidad del niño. Variables como su asertividad o sus habilidades sociales y cognitivas modulan los efectos de la vivencia del abuso sobre el niño.

Número de abusadores. Cuando el abuso ha sido perpetrado por varios agresores, la gravedad de las consecuencias para la víctima se incrementa.

Algunas consecuencias inmediatas tienen que ver con los sentimientos de impotencia, ya que sus intentos por evitar el abuso resultan vanos, entonces poco a poco va a dejar de intentarlo. De igual manera, la manipulación y la amenaza a la que muchas veces son sometidos, les obliga a mantener, sobre todo en los casos de abuso intrafamiliar, una doble vida para mantener el secreto y evitar la revelación.

Los sentimientos de culpa, vergüenza y/o miedo, los lleva algunas veces a la retractación, habiendo una intervención efectiva o no.

Consecuencias a corto plazo


En cuanto a las consecuencias físicas, podemos encontrar:

Pesadillas y problemas de sueño, desde dormir mucho a no poder dormir.

Cambio de hábitos de comida, comer mucho y con ansiedad, hasta dejar de comer.

Pérdida de control de esfínteres, generalmente en niños o niñas menores de 7 años, debido a un debilitamiento del yo y sus capacidades.

En relación a la conducta, podemos observar:

Consumo de drogas y alcohol, como un intento de olvidar el daño.

Fugas, ante el miedo o vergüenza.

Conductas autolesivas o suicidas, por sentirse sucias, inservibles.

Hiperactividad.


Bajada del rendimiento académico, ya que su energía está siendo utilizada para tratar de entender lo acontecido.

Las consecuencias emocionales que se observan con mayor frecuencia son:

Miedo generalizado.

Agresividad.

Culpa y vergüenza.

Aislamiento.

Ansiedad.

Depresión, baja autoestima y sentimientos de estigmatización.

Rechazo al propio cuerpo.

En cuanto a la sexualidad, que es la esfera directamente dañada, las consecuencias pueden ser:

Conocimiento sexual precoz o inapropiado de la edad.

Masturbación compulsiva.

Exhibicionismo.

Problemas de identidad sexual.

Podemos encontrar también déficit en habilidades sociales, retraimiento social y conductas antisociales.



Consecuencias del abuso sexual infantil a largo plazo

Hay consecuencias de la vivencia que permanecen o, incluso, pueden agudizarse con el tiempo, hasta llegar a configurar patologías definidas.

Algunas de las consecuencias a largo plazo que puede vivir un niño(a) o adolescente víctima de abuso sexual:


Conductuales:

Intentos de suicidio.

Consumo de drogas y alcohol.

Trastorno disociativo de identidad.

Emocionales:

Depresión.

Ansiedad.

Baja autoestima.

Síndrome de estrés postraumático.

Dificultad para expresar sentimientos.

Sexuales:

Fobias sexuales.

Disfunciones sexuales.

Falta de satisfacción sexual o incapacidad para el orgasmo.

Alteraciones de la motivación sexual.

Dificultad para establecer relaciones sexuales, auto valorándose como objeto sexual.

Sociales:

Problemas de relación interpersonal.

Aislamiento.

Dificultades de vinculación afectiva con los hijos.



Mayor probabilidad de sufrir revictimización, como víctima de violencia por parte de la pareja.

La atención que se le ha de proporcionar a un niño víctima de agresión sexual, no debe únicamente centrarse en el cuidado de sus lesiones, sino debe ser coordinada entre los distintos profesionales prestando atención psicológica, dándole un seguimiento a corto y medio plazo y proporcionando atención y apoyo al menor y a la familia.

El papel de la familia es esencial en la recuperación del niño: si le creen desde el primer momento y le apoyan, constituyéndose en modelo y referente afectivo alternativo, el niño o niña se recuperará antes y mejor que en caso contrario.

Consecuencias frecuentes, según la edad de la víctima, pueden ser:

En edad preescolar: somatizaciones, regresiones y sexualización de la conducta.

Entre los 6 y los 12 años: baja autoestima, problemas escolares, trastornos del sueño, reacciones psicosomáticas, dolor abdominal.

En adolescentes: baja autoestima, fugas de casa, depresión, embarazo, automutilaciones, agresividad y aislamiento.

En adultos: negación del abuso durante años. La emergencia del recuerdo puede venir con el primer embarazo, acompañado de cambios fuertes de carácter, ideas suicidas o sentimientos de rabia y venganza respecto al agresor. También puede suceder que el recuerdo se mantenga reprimido hasta que el hijo tenga la edad que tenía la víctima cuando sufrió el abuso o que la víctima se convierta en agresor.

BIBLIOGRAFÍA

www.savethechildren.es/organizacion/infabuso. Mayo 1998.
ECHEBERÍA, E. y Guerricache.venia, C. Abuso Sexual en la Infancia. Barcelona: Ariel, 2000.
http://www.univalle.edu/publicaciones/brujula/brujula19/pagina09.htm

 




 

 

 

 

 

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